septiembre 23, 2014

El Consumo Responsable y las 3R’s

La mejor gestión de los residuos es la que no es preciso hacer: Lo ideal sería que no se produjeran residuos, porque aprovecháramos todo lo que adquirimos o poseemos. Si esto fuera así, no habría que gestionar ningún residuo. Así actúa la naturaleza y durante muchos siglos la humanidad ha actuado de la misma manera.

Por eso, la primera y más importante de las “R” es Reducir. Hay que tratar de Reducir al máximo la cantidad de residuos que producimos. Para ello, lo esencial es consumir con responsabilidad: el “Consumo Responsable”:

Todos somos consumidores. Consumimos infinidad de bienes y servicios en cada momento de nuestra vida. Pero, la mayoría de las veces, supone algo tan cotidiano que no prestamos atención a la repercusión que nuestra forma de consumir tiene sobre las personas y sobre la naturaleza.

La Declaración oficial de Naciones Unidas con motivo de la Cumbre de la Tierra de 2002 reconoce que una de “las principales causas de que continúe deteriorándose el medio ambiente mundial son las modalidades insostenibles de consumo y producción, particularmente en los países industrializados”.

El consumo responsable implica consumir menos, eligiendo consumir sólo lo necesario, y estando atentos a cómo nos influye la publicidad en la creación de necesidades superfluas. Por otra parte, detrás de cada producto o servicio que consumimos hay una forma de producir. Podemos consumir un producto que ha sido fabricado o un servicio que se presta despreciando los derechos de las personas, despilfarrando los recursos naturales o contaminando el medio ambiente. También podemos consumir un servicio o un producto que ha sido fabricado respetando los derechos de las personas y preservando la naturaleza. Al elegir uno u otro producto o servicio estamos colaborando, apoyando y financiando la forma de producirlo.

Un consumo responsable implica reflexionar e informarse y ser consciente del impacto social, ético y ambiental que causamos en el mundo con nuestro consumo. Implica ser consciente de que con nuestra forma de consumir elegimos el tipo de mundo que queremos construir.

Como consumidores, último eslabón del sistema económico, tenemos una responsabilidad, pero también tenemos un poder. Con nuestra forma de consumir podemos influir en la marcha de la economía, en el desarrollo social y en el cuidado del medioambiente.

A nosotros nos toca decidir si nuestro dinero apoya un planeta más habitable y justo, con formas de producción sana, social y ambientalmente responsables o si apoyamos a quienes contaminan, engañan y abusan de su poder económico.

El consumo consciente y responsable fomenta un comercio ético y transparente, la generación de trabajo digno, la protección del medio ambiente y el desarrollo sostenible de nuestra sociedad (Aquí más información sobre el Consumo responsable)

La segunda “R” es Reutilizar. Hay que tratar de Reutilizar todo aquello que pueda ser útil después de su primer uso. Prolongar la vida útil de los bienes contribuye no solo a la disminución del impacto ambiental, sino también al ahorro doméstico. Ejemplos de fácil aplicación -pero de importantes consecuencias si lograran generalizarse- de esta práctica las podemos encontrar en el uso de bolsas de tela en lugar de las de plástico o el uso de baterías recargables. Del mismo modo podría aplicarse a los envases o la ropa. Otro hábito muy importante en este sentido, aunque lamentablemente cada vez menos practicado, es el de Reparar aquellas cosas que tienen arreglo antes de dehacernos de ellas definitivamente, como por ejemplo los electrodomésticos, los aparatos electrónicos o, de nuevo, la ropa.

Finalmente, cuando ya se ha Reducido todo lo posible y se ha Reutilizado todo lo posible, llega el momento de elegir la tercera “R”: Reciclar. Y el modo más eficaz de reciclar nuestros residuos es clasificándolos por materiales en casa, para después depositar cada uno en el contenedor correspondiente. Más información sobre el reciclaje en los siguientes apartados.

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